De Hábitos MicroCulturales
Desde hace algún tiempo que en nuestra región, mediando esferas públicas y privadas de niveles de decisión, se esta empezando a cristalizar una especie de “política de los desaciertos”. Fiel reflejo de la intrumentalización de esta política, entre sectores públicos y privados, fue la destrucción total del emblemático Gimnasio de la Confederación Deportiva. Esta claro que en determinadas decisiones la afectación de las mismas recae en forma distinta, parcial o total, en una comunidad particular. En este sentido, durante algunos días se ha sostenido y confrontado mediáticamente la aceptación o rechazo por parte de la comunidad de Punta Arenas de los cuestionados “Lomos de Toro”. Pues bien detengámonos aquí y hagamos ciertas precisiones. La primera interrogante que cualquier persona (peatones/conductores) trataría de resolver en su sentido de vida cotidiana sería: qué es un lomo de toro y para qué sirve. Por muy obvia que parezca la pregunta quizás podría intentar orientarnos en resolver la serie de otros cuestionamientos que pueden observarse como parte de una amplia y variada gama de acciones y conductas culturales de la vida pública y privada de nuestra región en general. En realidad y especificando nuestra inicial pregunta: “un lomo de toro es en definitiva una medida preventiva.”
Ahora bien, ¿qué podemos inferir de esta pequeña y fácil respuesta en una lógica de mayor alcance y de cierta complejidad donde estarían comprometidos directamente los hábitos culturales de todas las personas?
El resumen concreto y específico de la instalación de estas medidas preventivas en el diario uso de la comunidad en general nos esta diciendo claramente que: “existirían evidencias demostrables del alto riesgo que significa hoy para peatones y conductores el uso del espacio común”.
De acuerdo a este primer alcance, no se trata de impedir a través de controles viales la libre circulación de algunas personas, peatones y/o conductores, sino más bien que todos(o al menos la gran mayoría) puedan y tengan el mismo derecho al libre y seguro tránsito por las vías o calles de la ciudad. Siguiendo con este punto, esta probado que la circulación por las avenidas y/o calles de nuestra ciudad es cada día más peligroso por varias razones. Quizás una de ellas pudiera ser el evidente estrechamiento del espacio de circulación de tránsito en zonas de alta congestión peatonal y vehicular y que abarcan perímetros conocidos. De ello se podría desprender que construyendo y habilitando más avenidas y calles para el uso común daría paso a mayor seguridad tanto para peatones como para conductores. Entre todas las opiniones vertidas por este medio y otros, autoridades y no autoridades, hay algunas que esgrimen distintos efectos de esta medida. En su origen la construcción de los lomos de toro fue la respuesta de las autoridades a los conductores que asiduamente se reunían y reúnen para aumentar sus niveles de adrenalina con sus “poderosos” vehículos en la avenida costanera. Con todo, hubo reclamos airados y justificados sobre esta verdadera carrera de la muerte. Porque muertos hay. Pero aquí debemos detenernos de una vez. Hemos venido conversando, quien escribe y el que quiere leer, sobre las implicancias específicas de esta medida, pero quizás se ha hecho en la superficie del problema. Anteriormente mencionábamos el uso del espacio común y por ende los hábitos culturales de las personas. El hecho de que se construyan medidas preventivas para el uso común de los espacios públicos, como es el caso, no puede observarse tan sólo con algunas de las afectaciones secundarias mencionadas a lo largo de esta discusión. De aquí se deduce que no hay motivo alguno para creer que estas medidas buscan minimizar y/o controlar determinadas variables como: gasto de combustible, gasto repuesto, ahorro de tiempo en la llegada a la “Función Productiva”, implicancias “estéticas”, serios trastornos a maquinas, etc.
No se trata de ejercer control sobre las personas que obedecen las reglas del tránsito (peatones/conductores) ya que éstas últimas en el fondo son de alguna manera pautas de hábitos culturales generales que se aplican a la difícil convivencia ciudadana. Tampoco el origen de esta problemática no es privativo de los irresponsables “rápidos y furiosos” puesto que entre otras cosas forman parte de una “Familia”. En este orden son “ellos” y sus familias completas las responsables. O sea el problema contiene más protagonistas que los evidenciados o en el fondo los que se arriesgaron y arriesgan continuamente. Uno de los errores de perspectiva, a raíz de lo anterior, ha sido la fuerte “estigmatización” que se ha querido constituir al señalar que todas las irresponsabilidades provendrían de un(os) (as) “tipo de conductores” al que se le adjudicaría la culpabilidad casi total de las medidas preventivas. Al decir que el problema no se reduce a culpar del todo a “ellos” y sus “familias” podemos dar alcance real a algunas de las verdaderas contradicciones que engendra este debate.
Al parecer nuestro verdadero problema se originaría entre otras razones por: la insistente arbitrariedad ejercida por parte de algunos peatones y conductores, que sin pertenecer a nuestra categoría descrita, no respetan bajo ninguna circunstancia ni medida los derechos de la libre y segura circulación en la vida pública. Desde otro ángulo de cosas si se quiere más psicológista: “existirían algunos conductores que lamentablemente no se observan más a sí mismos como peatones”. Se han disociado casi por completo de un estado de cosas hacia otro estado de cosas.
La medida preventiva cual es: “Lomos de Toro”, es sólo una muestra gráfica de la incapacidad, conciente e intencionada y por lo demás arriesgada, de algunos conductores y peatones en no respetar prácticamente ninguna de las reglas de tránsito existentes. Las medidas preventivas como tal atienden la urgencia en erradicar hábitos culturales de todos aquellos (peatones/conductores) que insisten en creer que, y para el caso, las avenidas son de su propiedad así como las calles. Estas personas en su generalidad no pertenecen a la ya conocida categoría de “rápidos y furiosos” sino que son todos aquellos que actúan y coaccionan impunemente la convivencia en el uso de los espacios públicos. En otras palabras, “la medida preventiva de los Lomos de Toro no esta hecha para quienes la dieron origen sino para todos aquellos que continuamente rompen irrestrictamente y en conciencia de sus facultades con las oportunidades de desplazamiento de los demás.” Este sujeto, invisible la mayor parte de tiempo, hace caso omiso y conciente de las reglas del tránsito en cualquier lugar de la ciudad. A saber: habla constantemente por celular, no respeta el paso de peatones, no se detiene en un signo pare, se adelanta a los cambios de luces en los semáforos, increpa aún estando en falta, conduce bajo los efectos del alcohol, no usa el cinturón de seguridad, lleva generalmente a sus hijos en la parte delantera del vehiculo sin ninguna medida de seguridad, conduce en zona de 60 Km. máximo(caso de la costanera) a altas velocidades, omite la señalética de Pare o Ceda al Paso cuando observa que nadie viene o pasa, etc. Este conductor derechamente no tiene hábitos culturales de desarrollo en espacios y vías públicas. No piensa que el desplazamiento por los espacios libres y públicos debe ser mirado de “modo integral.” Qué queremos decir con esto. Primero, una persona que sabe manejarse en los espacios de desarrollo públicos es peatón y conductor a la vez. Segundo, no actúa disociadamente. Tiene conciencia de sí y de los demás. Sabe que cualquier medida preventiva es buena en tanto resguarde su seguridad y la de otros. Tercero, y más importante que todo, posee buenos hábitos culturales en general. Ejemplo de esto, no deja un basural atrás para que venga otro a sacarlo. Cuando va de compras al supermercado es aplicado y deja el carrito de compras de tal modo que no interrumpa a los demás. Es aquel que saca el pancito con las tenazas y respeta los turnos de los demás. Es aquel que atiende cortésmente a los demás en cualquier situación de servicio. Aunque parezca o se diga que una cosa no tiene que ver con la otra es esa simple certeza la que impide muchas veces reconocer los errores presentes en el desarrollo de los hábitos culturales.
Dejando algunos aspectos gravitantes para analizar afuera de estas líneas, como es la locomoción colectiva en nuestra ciudad, la excesiva ingesta de alcohol así como la alta tasa de accidentes de tránsito ocasionados por otros motivos, queda la sensación de que en definitiva se trata de optar por la vida de las personas y si esto se traduce como ahora en la implementación y mantención de medidas preventivas como “Lomos de Toro” bienvenidos sean como ya lo anticiparon en sus opiniones otras personas que quizás tengan estas mismas preocupaciones observadas integralmente.
Desde hace algún tiempo que en nuestra región, mediando esferas públicas y privadas de niveles de decisión, se esta empezando a cristalizar una especie de “política de los desaciertos”. Fiel reflejo de la intrumentalización de esta política, entre sectores públicos y privados, fue la destrucción total del emblemático Gimnasio de la Confederación Deportiva. Esta claro que en determinadas decisiones la afectación de las mismas recae en forma distinta, parcial o total, en una comunidad particular. En este sentido, durante algunos días se ha sostenido y confrontado mediáticamente la aceptación o rechazo por parte de la comunidad de Punta Arenas de los cuestionados “Lomos de Toro”. Pues bien detengámonos aquí y hagamos ciertas precisiones. La primera interrogante que cualquier persona (peatones/conductores) trataría de resolver en su sentido de vida cotidiana sería: qué es un lomo de toro y para qué sirve. Por muy obvia que parezca la pregunta quizás podría intentar orientarnos en resolver la serie de otros cuestionamientos que pueden observarse como parte de una amplia y variada gama de acciones y conductas culturales de la vida pública y privada de nuestra región en general. En realidad y especificando nuestra inicial pregunta: “un lomo de toro es en definitiva una medida preventiva.”
Ahora bien, ¿qué podemos inferir de esta pequeña y fácil respuesta en una lógica de mayor alcance y de cierta complejidad donde estarían comprometidos directamente los hábitos culturales de todas las personas?
El resumen concreto y específico de la instalación de estas medidas preventivas en el diario uso de la comunidad en general nos esta diciendo claramente que: “existirían evidencias demostrables del alto riesgo que significa hoy para peatones y conductores el uso del espacio común”.
De acuerdo a este primer alcance, no se trata de impedir a través de controles viales la libre circulación de algunas personas, peatones y/o conductores, sino más bien que todos(o al menos la gran mayoría) puedan y tengan el mismo derecho al libre y seguro tránsito por las vías o calles de la ciudad. Siguiendo con este punto, esta probado que la circulación por las avenidas y/o calles de nuestra ciudad es cada día más peligroso por varias razones. Quizás una de ellas pudiera ser el evidente estrechamiento del espacio de circulación de tránsito en zonas de alta congestión peatonal y vehicular y que abarcan perímetros conocidos. De ello se podría desprender que construyendo y habilitando más avenidas y calles para el uso común daría paso a mayor seguridad tanto para peatones como para conductores. Entre todas las opiniones vertidas por este medio y otros, autoridades y no autoridades, hay algunas que esgrimen distintos efectos de esta medida. En su origen la construcción de los lomos de toro fue la respuesta de las autoridades a los conductores que asiduamente se reunían y reúnen para aumentar sus niveles de adrenalina con sus “poderosos” vehículos en la avenida costanera. Con todo, hubo reclamos airados y justificados sobre esta verdadera carrera de la muerte. Porque muertos hay. Pero aquí debemos detenernos de una vez. Hemos venido conversando, quien escribe y el que quiere leer, sobre las implicancias específicas de esta medida, pero quizás se ha hecho en la superficie del problema. Anteriormente mencionábamos el uso del espacio común y por ende los hábitos culturales de las personas. El hecho de que se construyan medidas preventivas para el uso común de los espacios públicos, como es el caso, no puede observarse tan sólo con algunas de las afectaciones secundarias mencionadas a lo largo de esta discusión. De aquí se deduce que no hay motivo alguno para creer que estas medidas buscan minimizar y/o controlar determinadas variables como: gasto de combustible, gasto repuesto, ahorro de tiempo en la llegada a la “Función Productiva”, implicancias “estéticas”, serios trastornos a maquinas, etc.
No se trata de ejercer control sobre las personas que obedecen las reglas del tránsito (peatones/conductores) ya que éstas últimas en el fondo son de alguna manera pautas de hábitos culturales generales que se aplican a la difícil convivencia ciudadana. Tampoco el origen de esta problemática no es privativo de los irresponsables “rápidos y furiosos” puesto que entre otras cosas forman parte de una “Familia”. En este orden son “ellos” y sus familias completas las responsables. O sea el problema contiene más protagonistas que los evidenciados o en el fondo los que se arriesgaron y arriesgan continuamente. Uno de los errores de perspectiva, a raíz de lo anterior, ha sido la fuerte “estigmatización” que se ha querido constituir al señalar que todas las irresponsabilidades provendrían de un(os) (as) “tipo de conductores” al que se le adjudicaría la culpabilidad casi total de las medidas preventivas. Al decir que el problema no se reduce a culpar del todo a “ellos” y sus “familias” podemos dar alcance real a algunas de las verdaderas contradicciones que engendra este debate.
Al parecer nuestro verdadero problema se originaría entre otras razones por: la insistente arbitrariedad ejercida por parte de algunos peatones y conductores, que sin pertenecer a nuestra categoría descrita, no respetan bajo ninguna circunstancia ni medida los derechos de la libre y segura circulación en la vida pública. Desde otro ángulo de cosas si se quiere más psicológista: “existirían algunos conductores que lamentablemente no se observan más a sí mismos como peatones”. Se han disociado casi por completo de un estado de cosas hacia otro estado de cosas.
La medida preventiva cual es: “Lomos de Toro”, es sólo una muestra gráfica de la incapacidad, conciente e intencionada y por lo demás arriesgada, de algunos conductores y peatones en no respetar prácticamente ninguna de las reglas de tránsito existentes. Las medidas preventivas como tal atienden la urgencia en erradicar hábitos culturales de todos aquellos (peatones/conductores) que insisten en creer que, y para el caso, las avenidas son de su propiedad así como las calles. Estas personas en su generalidad no pertenecen a la ya conocida categoría de “rápidos y furiosos” sino que son todos aquellos que actúan y coaccionan impunemente la convivencia en el uso de los espacios públicos. En otras palabras, “la medida preventiva de los Lomos de Toro no esta hecha para quienes la dieron origen sino para todos aquellos que continuamente rompen irrestrictamente y en conciencia de sus facultades con las oportunidades de desplazamiento de los demás.” Este sujeto, invisible la mayor parte de tiempo, hace caso omiso y conciente de las reglas del tránsito en cualquier lugar de la ciudad. A saber: habla constantemente por celular, no respeta el paso de peatones, no se detiene en un signo pare, se adelanta a los cambios de luces en los semáforos, increpa aún estando en falta, conduce bajo los efectos del alcohol, no usa el cinturón de seguridad, lleva generalmente a sus hijos en la parte delantera del vehiculo sin ninguna medida de seguridad, conduce en zona de 60 Km. máximo(caso de la costanera) a altas velocidades, omite la señalética de Pare o Ceda al Paso cuando observa que nadie viene o pasa, etc. Este conductor derechamente no tiene hábitos culturales de desarrollo en espacios y vías públicas. No piensa que el desplazamiento por los espacios libres y públicos debe ser mirado de “modo integral.” Qué queremos decir con esto. Primero, una persona que sabe manejarse en los espacios de desarrollo públicos es peatón y conductor a la vez. Segundo, no actúa disociadamente. Tiene conciencia de sí y de los demás. Sabe que cualquier medida preventiva es buena en tanto resguarde su seguridad y la de otros. Tercero, y más importante que todo, posee buenos hábitos culturales en general. Ejemplo de esto, no deja un basural atrás para que venga otro a sacarlo. Cuando va de compras al supermercado es aplicado y deja el carrito de compras de tal modo que no interrumpa a los demás. Es aquel que saca el pancito con las tenazas y respeta los turnos de los demás. Es aquel que atiende cortésmente a los demás en cualquier situación de servicio. Aunque parezca o se diga que una cosa no tiene que ver con la otra es esa simple certeza la que impide muchas veces reconocer los errores presentes en el desarrollo de los hábitos culturales.
Dejando algunos aspectos gravitantes para analizar afuera de estas líneas, como es la locomoción colectiva en nuestra ciudad, la excesiva ingesta de alcohol así como la alta tasa de accidentes de tránsito ocasionados por otros motivos, queda la sensación de que en definitiva se trata de optar por la vida de las personas y si esto se traduce como ahora en la implementación y mantención de medidas preventivas como “Lomos de Toro” bienvenidos sean como ya lo anticiparon en sus opiniones otras personas que quizás tengan estas mismas preocupaciones observadas integralmente.
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